La publicidad subliminal es el tipo de publicidad más difícil de detectar ya que apela al subconsciente de la persona. No es perceptible a simple vista, los sentidos del ser humano la detectan de manera que llega a nuestro cerebro y produce un determinado efecto en nuestro comportamiento sin que seamos conscientes de ello. Los estímulos subliminales son reproducidos de forma imperceptible por lo que se puede afirmar que este tipo de publicidad es la más agresiva ya que nos manipula sin ser conscientes de ello. Por lo general, los estímulos subliminales apelan al sexo y a la muerte ya que estos dos temas generan un fuerte impacto emocional.
La efectividad de la publicidad subliminal ha sido muy discutida y no se ha llegado a ninguna conclusión categórica.
Desde mi punto de vista, y de acuerdo con otros autores y publicistas, la publicidad subliminal tiene más de ficción que de realidad. Por ejemplo, se ha hablado mucho del experimento del cine en el que se proyectaba un fotograma con una botella de Coca-Cola, y al salir los espectadores iban a comprar una. En realidad la calefacción del cine estaba a mayor temperatura de lo normal. En definitiva, la publicidad subliminal es tan sólo un mito a través del cual muchos autores y publicistas, se están haciendo ricos escribiendo libros acerca de una técnica publicitaria que no existe, y además que da mala fama esta profesión. Si existiera y se llevara a cabo, no habría ni ideas, ni acciones, ni necesidades propias, estaríamos constantemente manipulados, por que ante una técnica tan “eficaz” e “inapreciable”, los que ocupan el poder en las sociedades no perderían la oportunidad de realizarlas, para así, atraer a más seguidores, como puede ser en el caso de la vida política. Personalmente, me niego a pensar que estoy manipulada por grandes empresas o por políticos, influenciada puede, pero hasta donde quiero estarlo. La persona junto a su sentido común, su personalidad y necesidades es la que tiene la última palabra, no una técnica que hasta ahora ni se ha podido demostrar.